lunes, 25 de noviembre de 2013

Sarah Connolly: "Dejar Agrippina será como un divorcio"


Marta Vidán. Sarah Connolly, Agrippina, Liceu, Barcelona
Connolly ha estado ensayando en el Liceu durante cinco semanas antes del estreno.

MARTA VIDÁN, Barcelona.
Es lista, mala, elegante, soberbia y lleva tacones de diez centímetros. Es la mujer del emperador romano Claudio y hará cualquier cosa para que su hijo Nerone consiga el trono. Agrippina (Händel) ha llegado al Liceu por primera vez y se queda en Barcelona hasta el viernes 29. El director de escena David McVicar transporta esta ópera barroca hasta nuestros días: el césar juega al golf, Nerone esnifa cocaína, un clavecinista toca en un bar mientras la gente baila y bebe...
   La despiadada Agrippina y la mezzo-soprano Sarah Connolly (County Durham, Inglaterra, 1963) no tienen mucho en común, aunque ya se conocían. Lo hicieron en 2007, en la English National Opera. Ha aprendido a entender y apreciar su personaje, así que decirle adiós le resultará duro. Ella también es madre, pero no dejará que su hija Lily, de diez años, le vea actuar en este montaje porque "es demasiado sexy".
   La carrera de Connolly no ha sido muy convencional: estudió canto y piano, actuó a ritmo de jazz, pasó por varios coros... Pero empezó a notar que había algo que quería hacer y su primer rol importante -Charlotte, en Werther, de Massenet- llegó cuando ya había pasado los treinta. Fue sólo el primero de una larga lista de papeles.
¿Te gusta ser Agrippina?
Creo que es el mejor personaje femenino que he interpretado, un reto fantástico.
¿Porque es muy diferente a ti?
Sí, y aún así entiendo la frustración que siente y cómo su mente funciona, cómo es terrorífica hasta el final. Me gusta su naturaleza despiadada. Alguien le pregunta: "¿Qué excusas tienes?" y ella responde: "No necesito excusas". Utiliza las palabras que le dan, como un abogado, es algo muy inteligente.
¿Cuál es tu parte favorita de esta ópera?
El aria Pensieri es el mejor regalo de Agrippina. Aunque requiere movimientos rápidos y como mi voz es más lírica, me la "absorbe".

 Pensieri es un aria del segundo acto de Agrippina.
 
¿Te quedaste contenta después del estreno?
Nunca estoy contenta con todo. Lo estoy si canto correctamente y siento que la energía es buena, y lo noté bastante en el estreno. En la segunda función hubo un par de arias donde estaba baja de energía: estaba cansada porque había estado cantando a diario la semana anterior, con sólo un día libre. Creo que habría necesitado dos, así que al principio del espectáculo no estaba al cien por cien, pero soy la única que se da cuenta de estas cosas. De todos modos, la representación fue a mejor y estábamos más tranquilos que en la primera.
Al principio de tu carrera te ponías nerviosa ante el público.
Porque no sabía lo que estaba diciendo. Ahora, cuando imparto master classes, insisto en la importancia que esto tiene: cuando cantas debes identificarte con el significado para hacerlo tuyo. ¿Por qué canto Pensieri? ¿Qué es Pensieri? No son simplemente palabras de Händel, tengo que pensar qué son para mí, Sarah, cómo me hacen sentir, cómo respondo físicamente al texto... Y cuando lo sabes -algunos dicen que es un truco, yo simplemente lo llamo musicalidad-, ya no te preocupa por qué estás cantando, simplemente lo haces.
¿Cómo es trabajar con David McVicar?
Increíble, es inspirador. Como yo, necesita saber el porqué de las cosas; y es brillante demostrando algo: puede interpretar a todos los personajes. Hay aspectos que no entiendo sobre Agrippina, por ejemplo, en el momento en que tengo que bailar como si estuviera nadando, o cuando es muy agresiva. McVicar me enseñó cómo llegar a ser ella y me dio trucos como "Que no te importe lo que piensa el público; en parte, si les desagradas, es bueno". 
Pero Agrippina es también muy atractiva.
Era despiadada y Händel la hizo atractiva. Era horrible, así que para hacerla real tiene que haber profundidad. No puedes ser superficialmente divertida y hacer el tonto. Representar una comedia es algo muy serio, tienes que entender a la persona e identificarte con ella, preguntarte a ti misma: "¿Quién es y por qué está haciendo esto? ¿Podría hacerlo yo?".
¿Y al representar un papel masculino?
No interpreto el género, interpreto a la persona. En el caso de Octavio [El caballero de la rosa, Strauss] soy un aristócrata de dieciocho años con una vida secreta. Dejo que mi cuerpo vaya a través de la experiencia que extraigo del personaje, pero no me obligo a moverme como un hombre, simplemente viene de lo que tengo dentro de la cabeza. Las cantantes jóvenes cometen un gran error cuando intentan ser hombres, fracasan porque caminan de forma estúpida y con los hombros rígidos.

Connolly como Octavio en El caballero de la rosa.

Hay que fijarse en el sentido de la gravedad. Recae en las caderas, así que cuando haces de tío tiendes a controlar cómo andas desde las piernas, que se vuelven más pesadas, por lo que la parte superior del cuerpo queda más suelta y debes mantener los hombros hacia atrás. Esta es la única diferencia. A veces, cuando Agrippina es agresiva, tengo que prestar atención para dar pasos pequeños de mujer, no pasos grandes de hombre. Con estos estúpidos zapatos hay que tener cuidado [se ríe].
Tacones de diez centímetros. ¿Los llevas tan altos normalmente?
No, sólo en alguna fiesta o concierto, suelo llevar botas. Tengo que tener cuidado de no caerme en el escenario porque está totalmente oscuro, la iluminación lateral es muy fuerte y no se ven los escalones. Se me hace duro en las piernas y las caderas y me duele la parte baja de la espalda después de llevar ese calzado durante seis horas, así que hago estiramientos y voy al gimnasio.
¿Qué más haces en tu tiempo libre?
Cuando estoy en casa salgo de paseo, el ejercicio es muy importante para mantener el cerebro en funcionamiento. Tenemos un nuevo perro y vivimos en el campo, en Cotswolds [al suroeste de Inglaterra]. Es una zona de colinas preciosas.
¿Puedes ir a menudo?
Estoy en casa la mayoría del tiempo. Sólo hago una ópera al año en el extranjero porque es injusto estar lejos de mi hija, Lily, requiere casi ocho semanas. 
¿Ella canta o toca algún instrumento?
Toca el piano y el saxofón y se pasa el día cantando canciones de pop inglés y norteamericano. Se sabe todas las letras y entonces me doy cuenta de lo pasada de moda que estoy [ríe]. Canta muy bien y afinada. Creo que podría ser actriz, le interesan mucho las palabras, los personajes (bueno, sólo tiene diez años).
¿Y tu marido tiene algo que ver con el mundo de la música?
No, nada. Compramos unas casas a buen precio y él las restaura, construye, y cuida a mi hija cuando yo no estoy. Pero le gusta el reggae y el folk, solíamos ir juntos a festivales cuando éramos más jóvenes.
También solías cantar y tocar jazz
Ahora sólo lo hago por diversión, para relajarme, no quiero seguir haciéndolo en público. Es genial sentarse en el piano, sigue siendo mi instrumento principal, una gran parte de mí, pero ahora es sólo un hobbie.
Tu carrera como cantante de ópera arrancó un poco tarde. 
 Sí, no sabía lo que quería hacer. Estuve en muchos coros -Monteverdi, The Sixteen...- y no sabía si quería ser solista. Pero me aburrí de estar en un coro, veía a mis colegas cantar solos y pensé: "Quiero probarlo". Y lo hice y me puse nerviosa (a todo el mundo le pasa). Creo que es lo que retrasó mi comienzo, que no estaba segura de si era lo mío.
   Empecé a hacer ópera con compañías semiprofesionales y me di cuenta de que me encantaba estar sobre el escenario. No me preocupaba cantar, especialmente lo contemporáneo. Me ponía menos nerviosa, así que me pasé un tiempo a la música moderna y me ayudó a estar más cómoda.
   En 1995, a los 32, hice de Charlotte en Werther (Massenet), con la English Touring Opera, y fue maravilloso. Asustaba, aunque lo disfruté y pensé: "Es una buena posición, sigue adelante" y conseguí trabajo, la gente fue a verlo... Fue un comienzo lento que tuvo que ver conmigo, no tenía mucha seguridad en mí misma y en este mundo necesitas pensar que eres la mejor. Todavía no lo creo, sé que no es cierto. Reconozco que tengo algo que decir, pero nunca me elevaría a mi misma ni me compararía con nadie.
Marta Vidán. Sarah Connolly, Liceu, Agrippina, Barcelona.
La mezzosoprano ya está estudiando su próximo trabajo, Fantasio, de Offenbach.
Fue Charlotte quien te dio oportunidades.
Sí, después hice Orfeo y L´incoronazione di Poppea, de Monteverdi; Xerxes, Ariodante y Alcina, de Händel; El rapto de Lucrecia, de Britten, que acaba de salir en DVD...y también ópera contemporánea. Es una mezcla, pero es muy importante tener un poco de todo: cuando te enfrentas a un papel, diseccionas el poema con mucho detalle porque tienes que presentar un mini-drama en cada lied, en cada canción. Piezas de Schumann como Frauenliebe und –leben o Maria Stuart son mini-óperas, y si puedes hacerlas con gran detalle, podrás transportarlo al escenario de la ópera.
   Además, algo está cambiando en los últimos veinte años con la música de Händel: los directores están dejando a los cantantes ser mucho más libres. Algunos como Harry Bicket [director musical de Agrippina] esperan que traigamos nuestros propios adornos y tengamos conocimientos.
   Esto no solía gustar antes. Por ejemplo, a Charles Mckerras, un director muy famoso de Händel que revivió el movimiento del compositor en Inglaterra: me enfrenté a él unas cuantas veces y acabamos teniendo una gran discusión. La mayoría de la gente no se atrevía a contradecirle, era un icono, pero yo tuve que hacerlo porque me volvía loca. Fueron este tipo de cosas las que me hicieron más fuerte, me di cuenta de que tenía algo que decir, que su negativa no significaba el final de la historia.
   Trabajar con Philip Herbeck en los noventa me ayudó a entender la retórica barroca, el estilo, y cómo actuar. Así que cuando Mckerras me dijo: "No preguntes y haz lo que yo digo", tuve que responderle: "Lo siento, no trabajo así, tengo que entender lo que quieres". De todas maneras, acabamos siendo amigos, me aseguré de ello: ¡le hice galletas!
No todo es fácil para un cantante. ¿Cuál es la parte más dura de tu profesión?
Llegar a todo y tener una familia. No tengo tiempo libre, siempre estoy aprendiendo el siguiente papel. Y cuando tienes una reputación no puedes fallar, simplemente porque se espera que no lo hagas. Es maravilloso estar trabajando, tengo mucha suerte, pero tengo que tener cuidado de no hacer demasiado y que mi hija pueda verme.
¿Te ha visto sobre el escenario?
Sí, pero no en Agrippina porque es demasiado sexy. Le encantó L´incoronazione di Poppea y le pareció que el contratenor Dominique Visse estaba fantástico de mujer, en el papel de Nutrice. También le encanta Julio Cesare en DVD y Danielle de Niese. Conoce a gente, asiste a ensayos, pero no puede venir a algo como Agrippina o a un montaje de Calixto Bieito [ríe].
¿Y cuál es la mejor parte de este oficio?
Trabajar con colegas geniales, como Daniel Fuster, el oboísta: siempre improvisamos en Pensieri, los adornos son diferentes cada noche. Me aseguro de que lo sean y él tiene que copiarme. Este es el mayor regalo: un músico al que le encanta hacer música, tanto como a Harry Bicket o a la maravillosa orquesta del Liceu. Todo el mundo en este reparto es muy generoso: Malena Ernman (Nerone), Danielle de Niese (Poppea), Franz-Josef Selig (Claudio), Dominique Visse (Narciso)... 
¿Aprendes de ellos?
Sí, mi personaje y mis reacciones se definen por ellos, me dan algo más que hacer y eso es muy bueno al actuar porque me hacen pensar. Este es el lujo de trabajar con compañeros magníficos, que lo hacen todo más enérgico.
¿Hacéis planes juntos?
Es difícil porque he estado muy ocupada. Otras veces he visitado todos los museos y he hecho todo el turismo de Barcelona, me gusta la playa. Pero esta vez sólo he tenido un día libre y simplemente he estado metiendo en mi cabeza todos los detalles de la obra.
¿Incluso al salir de los ensayos?
Cuando llego a mi apartamento a las nueve de la noche sigo aprendiendo la letra, siempre me dedico a perfeccionar los errores que he cometido durante el día. Me siento con una taza de té, un lápiz y la partitura a corregirlos durante una hora, luego me ducho y me voy a la cama. No puedo salir y emborracharme (¡Agrippina lo haría!). La máxima cantidad de alcohol que me permitiría beber son dos copas, una si faltan sólo dos días para actuar, porque seca la garganta y luego estás cansada. Ser cantante de ópera es aburrido, sólo he visto un par de películas recientemente. La última fue Gravity. También disfruto la comida, me encantan las tapas.









Vas dando un paseo. ¿Sigue sonando Agrippina en tu cabeza?
El otro día Harry Bicket me estaba enseñando algo por la calle, pero yo no lo veía porque estaba cantando mentalmente. Me concentro en mi trabajo casi sin ser consciente. Y lo realmente duro será dejar Agrippina el viernes y tener que cambiar a Fantasio, de Offenbach, en Londres. Simplemente me voy, será como un divorcio, es horrible. Me pongo bastante triste porque dejo esta valiosa caracterización perderse en la niebla, desvaneciéndose como un barco que se va sin mí. Es una creación personal, como si una parte de mí
se fuera.
Seguro que te vuelves a encontrar con Agrippina.
¡Eso espero!  

Sarah Connolly: “Leaving Agrippina will be like a divorce”

Versión en español.
Marta Vidán. Sarah Connolly
Connolly had rehearsals at the Liceu theatre for five weeks before the premiere.

MARTA VIDÁN, Barcelona.
She is smart, mean, arrogant and wears ten centimeter heels. She is emperor Claudio´s wife and will do anything so that her son Nerone gets the throne. Agrippina (Händel) has arrived at the Liceu theatre for the first time and will stay in Barcelona until next Friday. Stage director David McVicar brings this baroque opera to modern times: the cesar plays golf, Nerone snorts cocaine, a harpsichord is played in a bar while people dance and drink...
   Ruthless Agrippina and mezzo-soprano Sarah Connolly (County Durham, England, 1963) don´t have a lot in common. However, they had met eachother before -English National Opera, 2007- and she has learnt to understand and appreciate her character, so saying goodbye to this role will be quite hard. She is also a mother, but she won´t let her ten-year-old daughter Lily see her perform this opera. “It is too sexy”, she explains.
   Connolly´s career has not been a conventional one. She studied piano and singing, she used to play jazz, she was in several choirs... But she began to realize that there was something else she would want to do and her first important role -Charlotte, from Massenet´s Werther- arrived when she was in her early thirties. It was just one of many roles that she has played since then.
Do you like being Agrippina?
I think it is the best female role I have ever played, a fantastic challenge.
Is it because she is so different to your own way?
Yes. And yet I understand the frustration she feels and I can really appreciate how her mind works, how she is terrifying until the end. I like her ruthless nature and I love the way somebody asks her: “What excuses do you have?” and she says: “I don´t need excuses”. She uses the words that she is given, like a lawyer, and that is very clever.
Which one is your favourite part of this opera?
Pensieri is the greatest gift from Agrippina. It "sucks" my voice, because it is more lyrical and this aria requires fast movings.

 Pensieri is an aria from Agrippina´s second act.


Were you happy after the premiere?
I am never happy with everything. I am happy when I sing correctly and the energy is right, and I felt it pretty much in the premiere. In the second performance I found a couple of arias where the energy was low: I was tired because we have been singing every day the previous week, with just one day off. Maybe I would have needed two, so at the begining of the show I was not hundred per cent. But it is only me who notices these things. Anyway, the show went better and better and we were more relaxed.
When you started your career you used to get nervous when facing the audience.
Because I didn´t know what I was saying. Now when I teach master classes I point at the importance of that: when you sing you have to identify with the meaning to make it your own. Why am I singing Pensieri? What is Pensieri? They are not just Händel´s words, I have to think about what they mean to me, Sarah, how do they make me feel, how do I respond physically to the text... And when you know that -some people call it a trick, I call it musicianship- you don´t worry about why you are singing: you just do it.
What is it like to work with David McVicar?
Incredible, he is inspirational. He, like me, needs to know why you are doing something. And he is brilliant to demostrating, he can play all the characters. I can´t understand all about Agrippina, for example, when I have to jump and dance as if I was swimming or when she is being really aggressive. She is a terrible person. McVicar showed me how to become her and gave me tips like “Don´t care about what the audience think: in part, if they dislike you it is a good thing”. 
But she is also so attractive and funny.
She was ruthless and Händel made her attractive. She was horrible, so in order to make her real there has to be depth. You can´t just be superficially funny and just do silly. To play comedy is actually a very serious business, you have to understand the person and to identify with her, to ask yourself: “Who is this person and why is she doing that? Could I do that?”.
What about playing a male role?
I don´t play the gender, I play the person. If it is Octavio [from Der Rosenkavalier, by Richard Strauss] I am being an eighteen-year-old aristocrat who lives a secret life. I let my body through the experience that I take from the character, but I don´t make myself move like a man: it just comes out from what is going on in my head. It is a big mistake when young singers try to be a man, they fail because they do silly walking with stiff shoulders.

 Sarah Connolly as Octavio in Der Rosenkavalier.

You have to think about your sense of gravity and notice that when elegant women like Agrippina walk they hold their shoulders. When you play a bloke your gravity is in your hips so you tend to control your walk from your legs. They become heavier and so your upper body is loosen, but you have to keep your shoulders back, that´s the only physical difference. Sometimes when I´m playing Agrippina and she is being aggressive I have to pay attention and take little steps like a woman, not big steps like a man. On those silly shoes I have to be careful [she laughs].
Ten centimeter heels. Do you usually wear them?
Just for parties or concerts. Normally I use boots. I have to take care not to fall over on the stage because it is black, the side lighting is very strong and I can´t see where the steps are. It has been hard for my legs and my hips, and my lower back hurts after six hours a day on that shoes, so I stretch and go to the gym.
What else do you do in your spare time?
At home I go for walks, exercise is very important to keep brain going. We have a new dog and we live in the Cotswolds [South West England], in the countryside. It is a place with lovely hills, an area of natural beauty.
Is it possible for you to go home often?
I am home mostly, actually: I only do one foreing opera a year because it is unfair to be away for my daughter, it takes almost eight weeks.
Does she sing or play any instrument? 
Lily plays the piano and the saxophone and she sings American and English pop songs all the time. She knows all the words and then I realize how oll-fashioned I am [she laughs]. She sings very beautifully and tune. I think she might be an actress, she is very interested in words and characters (well, she is only ten).
Does your husband have something to do with the music business?
Not at all. We bought some houses cheeply and he is restoring them, he builds houses. And he looks after my daughter when I am not home. But he likes reggae and folk music. We used to go to festivals together when we were younger.
You also used to sing jazz.
Now I do it just for fun, when I want to relax, I don´t like to do it in public any more. It is lovely to sit down at the piano,  it´s still my main instrument, very much part of me. But now it is just a hobbie.
Your career as an opera singer started a bit late.
Yes, because I didn´t know what I wanted to do. I was in lots of choirs -Monteverdi, The Sixteen…- and I didn´t know whether I wanted to be a soloist. But I got bored of being in a choir, I saw my colleagues sing solos and thought: “I want to try that”. And then I did and got very nervous (everyone does). I think that was what delayed my start: I was not sure this was my thing.
   I began to do opera with semi-professional companies and realised I love being on stage. I didn´t worry about singing, specially when I sang contemporary music. I felt less nervous, so I moved to modern music for a bit and that helped me to feel more comfortable.
   In 1995, when I was 32, I played Charlotte in Werther (Massenet) with English Touring Opera, which was wonderful. It was very scary, but I did enjoy it and thought: “That is a position, keep going now” and I got work, people came to see it… It was a slow beginning but it has to do with me, I was not very confident and you need to think: “I am the best”. I still don´t belive that, I know it is not true anyway. I recognize I have something to say but I would never raise myself, I would never put myself next to anybody.

Marta Vidán. Sarah Connolly. Agrippina, Barcelona, Liceu.
She is already studying her next role in Fantasio (Offenbach).
So being Charlotte gave you new opportunities.
Yes, then I played Monteverdi´s Orfeo and L´incoronazione di Poppea, Händel´s Xerxes, Ariodante and Alcina, Rape of Lucretia (Britten), which has just come out on DVD… I did contemporary opera as well. It is a mix, but it is important to have a bit of everything: if you are singing an operatic role, the way you dissect a poem is in great detail because you have to present a mini-drama with every lied, every song. Schumann´s compositions like Frauenliebe und –leben or Maria Stuart are mini-operas and if you can performe those in great detail you will bring that detail to the opera´s stage. And there´s something changing with Händel´s music in the last twenty years: conductors are letting singers be more free. People like Harry Bicket [musical conductor in Agrippina] are expecting us to come with our own ornaments and to have knowledge. 
   Twenty five years ago singers didn´t know what they were doing, just what the conductor said. And that´s not yours, it is just a copy. These days they want you to bring your own ideas, but they didn´t like it before. For example, Charles Mckerras, a very famous conductor of Händel who revived the composer´s movement in the 1970s. I got to trouble with him several times and in the end we had a big argument. Most people didn´t argue whith him, he was an icon, but I had to because I went mad. It was that kind of things that made me stronger, I realised I did have something to say: just because he said “No” it was not the end of the story.
   I worked with Philip Herbeck through the 1990s and he gave me a tremendous understanding of baroque rhetoric, style and performance practice. So when Mckerras told me “Don´t question, just do what I say” I had to answer: “Sorry, I don´t work like that, I have to understand what you want”. Anyway, we ended up friends, I made sure of that: I cooked him some biscuits!
Not everything is easy for a singer. What is the hardest part of this profession?
Doing it all and having a family: I have no time off, I am always learning the next role. And you can´t fail when you get a reputation. You can´t stand on the stage and sing badly because it is just not expected. It is wonderful to be in work, I am very lucky, but I have to be carefull I don´t do too much and that my daughter sees me.
Has she ever seen you on stage?
Yes. Not Agrippina, because it is too sexy. She loved
L´incoronazione di Poppea and he thaught that the countertenor Dominique Visse was wonderful as a woman -as Nutrice-. She loves also Julio Cesare on DVD and Danielle de Niese. She gets to know people, she attends rehearsals, but she can´t go to something like Agrippina or anything by Calixto Bieito [she laughs]. 
And what is the best part of being a singer? 
Working with great colleagues, with musicians like Daniel Fuster, the oboist: we are always improvising in Pensieri, the decorations are different every night and his job is to copy me. That is the greatest gift: a musician like him who enjoys making music, as Harry Bicket does, and also Liceu wonderful orchestra. Everyone in this cast is very generous: Malena Ernman (Nerone), Danielle de Niese (Poppea), Franz-Josef Selig (Claudio), Dominique Visse (Narciso)...
Do you learn from them?
Yes: my reactions, my character becomes defined by them. They give me something else to do and this is so good at acting, they make me think. That is the joy of working with great colleagues: they make everything more energized.
Do you make plans together?
It is difficult because I have been too bussy. In the past I have visited all the museums in Barcelona and I have done all the sightseeing, I like the beach. But this time with this particular job I just have been trying to get in my mind all the details.
Even when you finish rehearsals?
When I arrive at my apartment at nine o´clock at night I am still learning words, I am always perfecting the mistakes I made in the day time. I sit with a cup of tea, a pencil and the score and correct them for an hour, and then I take a shower and go to bed. In order to put on a show like this you can´t go out and get drunk (Agrippina would!). The most alcohol I would allow myself to have is two glasses, just one two days before a performance, because it dries your throat and you feel tired. Being an opera singer is very boring. I have just seen a couple of films recently. Gravity was the last one. I enjoy food also, I like the tapas.


Imagine you are out for a walk: are you still “playing” Agrippina in hour head?
The other day Harry Bicket was showing me around the street but I didn´t see it because in my mind I was singing something. I unconsciously focus on my job. And what will be really hard is when I leave Agrippina on the 29th of November and have to change to Fantasio (Offenbach): you just leave, it will be like a divorce, it´s horrible. I get quite sad because I am leaving this precious characterization into the mist, fading like a ship leaving without me. And then it´s gone and I stay on the beach and wonder when I will see it again, it could be years. It is like everything I do is gone, it just disappears and I moan because characters are personal creations, it is like a part of me is leaving.
I´m sure you will meet Agrippina again.
I really hope so!

viernes, 22 de noviembre de 2013

Facts

Marta Vidán. Tesalónica

The only thing better than singing is more singing.
(Ella Fitzgerald)

Esas verdades absolutas como que cantar es contar dos veces, que las chaquetas tejidas a mano abrigan más, que acabar una palabra en -ico convierte en entrañable cualquier cosa, o que nadie ha vuelto a cantar Casta diva como ella: vencida, abandonada, herida y de pie. Con notas que le salen como si alguien tirara suavemente de un hilo, a cambio del esfuerzo que le cuesta sostenerse a sí misma. Con una mitad de pasión, presencia y clase, y otro tanto de derrota y cansancio.



video


Más Maria Callas (en las paredes de Atenas).

domingo, 17 de noviembre de 2013

El césar lleva visera roja

Un minuto que dice mucho:


En la ópera, un corto de Juan Pablo Zaramella.

Es mucho más que una señora con voz engolada, la cara empolvada y vestidos pomposos. La ópera y su imagen generalizada no son ni siquiera primas lejanas. Está mucho más emparentada con la posibilidad de ser mil obras distintas: cada montaje hace que la historia, los personajes y la atmósfera puedan vivirse -sí, vivirse, no verse- con gafas diferentes. El reto es hacer una gran ópera aún más grande, disfrutable con oídos y ojos, más divertida o más intensa. Ampliar sus límites.

Ayer se estrenó Agrippina en el teatro Liceu de Barcelona. Los emperadores romanos no tienen por qué llevar togas. Sólo hay que ver al césar Claudio con una visera roja jugando al golf; a su mujer, Agrippina, con americana del mismo color, empinando el codo directamente de la botella; al hijo de esta, Nerón, llenándose la nariz de cocaína. A un clavecinista como pianista de un garito y bailarines de movimientos más propios de una discoteca que de una ópera sobre la Roma clásica y estrenada en 1709.

Sarah Connolly as Octavian
Sarah Connolly como Octavio, El caballero de la rosa. English National Opera © CLIVE BARDA/ArenaPAL

Es la capacidad de interpretación de los cantantes, que son músicos y actores: Nerón encarnado por una mujer (Malena Ernman, que esconde una interminable cabellera para su papel), la soberbia y la manipulación -muy bien- personificadas paseando sobre los tacones de diez centímetros de Sarah Connolly en el papel de Agrippina. O esta última también en roles masculinos de otras óperas, como el Octavio de El caballero de la rosa (Strauss).

La puesta en escena de esta Agrippina nada tiene que ver con la arquitectura romana. Hay espectaculares lienzos de fondo o a modo de telón, y una escenografía sobria y simbólica. Muchas veces tiene que ver con el significado de las cosas más que con los elementos en sí mismos. Con lo esencial.

No, no se trata de gordas chillonas con caras afectadas. En la ópera hay actores y actorazos, bailarines de danza contemporánea, barras de bar, momentos sumamente cómicos. Notas, escenas, movimientos y diálogos que consiguen mojar hasta las orejas al espectador y hacer que, según toque, llore como una magdalena o se muera de risa.

Más...

sábado, 16 de noviembre de 2013

Zapatos

Marta Vidán. Atenas

El cielo tiene ojeras. El viento despeina la lluvia. Se puede decir que hace frío, al menos en comparación con los últimos días. Si uno se lo propone, hoy puede ser un sábado luminoso, cálido, abrazador.

Acuarela mental. Pienso en sus zapatos, en su americana. Imagino que alguna vez habrá sido un mar de dudas, que se habrá sentido menos que nadie en determinada ocasión. No lo sé, lo imagino. Imagino también que en otros momentos se habrá encontrado más cerca de los dioses que de los mortales; que se habrá reído a carcajada limpia al equivocarse de dirección de metro o al bajarse en la parada incorrecta. Que habrá disfrutado con algo tan simple como bailar en la cocina mientras tararea su propia banda sonora.

El día está húmedo, enfadado, nervioso. Hoy es El Día. Puede que sus neuronas estén echando mano de recuerdos placenteros para tranquilizarlo, para tranquilizarse. Quién sabe si en su cabeza hoy hace sol.  Me pregunto cómo sería a los diecisiete, cómo tendrá el pelo al levantarse, dónde guarda lo que nadie ve. Qué le dirán las ramas famélicas a punto de partirse con la fuerza del aire. Cómo le sentará este repentino imperio de las nubes. Me pregunto dónde estarán sus zapatos esta mañana.

martes, 12 de noviembre de 2013

Pobrecito Orfeo

Corot. Orfeo sacando a Eurídice del Hades
Corot. Orfeo sacando a Eurídice del Hades.

Es difícil mirar directamente a la luz: duele. Ponerse frente al sol sin gafas oscuras hace que se vean chispas al dejar de hacerlo. El brillo se engancha en la retina, no estamos preparados para él. Por eso existen recursos para ver de manera mediada la luz o lo que es tan poderoso como ella. Ahí tienen a Perseo, que utilizó el reflejo de su escudo para ver a la Medusa y no quedar petrificado por su mirada.

Tampoco es irrelevante cuándo se enfocan las pupilas. Cuándo están preparadas para digerir lo que ven. Y si no, que se lo pregunten a Orfeo -pobrecito Orfeo- que giró la cabeza antes de tiempo y volvió a quedarse sin su ninfa, esta vez, para siempre.

Será cuestión de esperar a que Eurídice esté totalmente cubierta por los rayos del sol para poder tragar su rostro con los ojos sin peligro de perderla. De reconocer cuándo una visión nos supera y necesitamos filtros que nos ayuden a asimilarla sin miedo a que nos deje de piedra. De paciencia y de humildad.