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sábado, 31 de agosto de 2013

Para encontrarla

La justicia poética a veces se limpia las legañas y sale del plano de las ideas. Por su timidez o su altivez; por estadística, para que no nos acostumbremos. Pero sale con las manoletinas en la mano para no hacer demasiado ruido (no la vaya a oír quien no sepa escucharla). Porque lo difícil no es mirar para ver, ni buscar para encontrar, sino encontrar sin buscar. Cuando ella se da de morros contigo (¿la encontramos o nos encuentra?) es hora de despedirse de la habitación de invitados: deja sus zapatos desparramados por toda la casa.

Rayuela. Marta Vidán. Pamplona
Fragmento de Rayuela. Baño del bar La Hormiga (Pamplona). Foto: @martavidanlo.

domingo, 28 de abril de 2013

Mira para arriba

Hay paredes que hablan y paredes que, además, hacen sonreír.

Marta Vidán. Pamplona. fcom

Marta Vidán. Pamplona. fcom

Fotos: Marta Vidán, Facultad de Comunicación, Universidad de Navarra.


viernes, 13 de abril de 2012

El lienzo de cemento

Cuando el arte sale a la calle, el paseante se convierte en espectador sin tener conciencia de serlo. Si el arte se convierte en lo cotidiano, se integra en las paredes y no necesita lienzo. Porque el arte es eso, lo que no se pretende que sea arte y llega a serlo por sí mismo.





Fotografías: Marta Vidán.

martes, 15 de febrero de 2011

Foral

Está bien. Puede que los navarros seamos -algo- brutos y por eso tengan que colocar este tipo de carteles cuando arreglan nuestro ascensor:


Pero, ante todo, los navarros, por mucho que digan que somos cerraos, nos tomamos las cosas con humor.

martes, 9 de noviembre de 2010

Domenica

Salí de casa media hora y acabé hecha unos zorros. Parto de que los domingos deberían ser anticonstitucionales y, además, llovía, y, además, se me habían chamuscado las tostadas por la mañana. El autobús no se dignó a aparecer. Esperé media hora -¿quién carajo espera media hora a un autobús?- y me quedé helada como el pollo pión y se me empaparon los pies. Me puse de tan mala leche que me volví para casa jurando en hebreo. Todos tenemos derecho a un día tonto de rigor de cuando en cuando, ¿no? Y a comer un litro de helado de una sentada y a echar de menos -echar de menos no está de más-, y también a fundirse con el sofá, porque es domingo y odio los domingos. Y los domingos puedo hacer lo que me dé la puñetera gana.