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jueves, 30 de diciembre de 2010

27 jueves


Tengo en el bolsillo 27 jueves y 26 domingos. No es nuevo eso de que para mí los domingos deberían ser anticonstitucionales. No todos, claro: siempre hay excepciones que confirman la regla. Y más si esas excepciones se pasan en la playa. Porque la playa en diciembre es un lujo asiático. ¿Sabes? Cuando se tiene todo, no se necesita nada más. Cuando las cosas son grandes es porque se componen de muchas cosas pequeñas, y van creciendo a velocidad exponencial, y dormir es -casi- secundario, y el sofáes una isla desierta, y el casco antiguo un reino nuevo. Y cada libro un camino, y cada beso una inyección de sol.
No tenemos derecho a rehuir la felicidad. La mayoría de la gente no tiene nuestra suerte. Cuando se gustan, no se enamoran. O cuando están enamorados, en la cama no funcionan. Y cuando en la cama funcionan, no tienen nada que decirse después. Nosotros lo tenemos todo.
Frédéric Beigbeder, "El amor dura tres años"

martes, 9 de noviembre de 2010

Domenica

Salí de casa media hora y acabé hecha unos zorros. Parto de que los domingos deberían ser anticonstitucionales y, además, llovía, y, además, se me habían chamuscado las tostadas por la mañana. El autobús no se dignó a aparecer. Esperé media hora -¿quién carajo espera media hora a un autobús?- y me quedé helada como el pollo pión y se me empaparon los pies. Me puse de tan mala leche que me volví para casa jurando en hebreo. Todos tenemos derecho a un día tonto de rigor de cuando en cuando, ¿no? Y a comer un litro de helado de una sentada y a echar de menos -echar de menos no está de más-, y también a fundirse con el sofá, porque es domingo y odio los domingos. Y los domingos puedo hacer lo que me dé la puñetera gana.