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sábado, 1 de marzo de 2014

No tiene etiqueta

Hay luz incluso cuando no hay luz. Hay ingenuos que hablan de casualidades. Encuentros que encajan como si estuvieran hechos a medida, palabras que parecen haberse hablado antes, cerebros que ya se conocían -tal vez en la otra vida-, uniones sin cable que son anteriores a la ubicación de dos en la misma habitación.
Las canciones hacen cosquillas en los oídos. Las Cosas van bien sin que podamos hacer nada por evitarlo, las Cosas, Cosas Importantes se hacen Cosas Muy Importantes cuando se comparten. Se puede ir descalzo por el mundo sin miedo a que un cristal muerda la planta del pie; de repente, todos los semáforos están en verde
Equilibrio. Equilibrio entre lo sesudo y la conversación absurda, la ponencia y la carcajada que nace en el estómago. El metro es un sofá que avanza, hay una voz que es un abrazo, un dolor que a veces es dolor y a veces, alivio. Un algo -Algo- en potencia que no tiene etiqueta, no está clasificado. Y para qué clasificar lo que supera toda categoría. Somos, somos hoy, eres, eres mil veces, a pesar del tiempo, de los ki-ló-me-tros. Sois. Cum laude en hacer del mundo un sitio confortable. La justicia poética se paseará pronto como Pedro por su casa.

sábado, 31 de agosto de 2013

Para encontrarla

La justicia poética a veces se limpia las legañas y sale del plano de las ideas. Por su timidez o su altivez; por estadística, para que no nos acostumbremos. Pero sale con las manoletinas en la mano para no hacer demasiado ruido (no la vaya a oír quien no sepa escucharla). Porque lo difícil no es mirar para ver, ni buscar para encontrar, sino encontrar sin buscar. Cuando ella se da de morros contigo (¿la encontramos o nos encuentra?) es hora de despedirse de la habitación de invitados: deja sus zapatos desparramados por toda la casa.

Rayuela. Marta Vidán. Pamplona
Fragmento de Rayuela. Baño del bar La Hormiga (Pamplona). Foto: @martavidanlo.