Marta Vidán o Tuki. En el quinto anillo de Saturno. En Twitter, @martavidanlo.
Observante, escribiente y fotera; cantamañanas y melómana. Viajo con y sin billete. Me gusta decir 'sobremanera'.
WEB http://martavidan.wix.com/martavidan
Me llevo las orejas abiertas, los ojos sin lentillas. Me llevo El Libro(sí, El Libro, hay cosas que van siempre con mayúsculas) en edición de bolsillo (deberían hacer edición de bolsillo de algunas personas para poder llevarlas en la mochila).
Me llevo la cámara de fotos con el estómago vacío, deseosa de fagocitar rostros, momentos, paisajes, gestos. Me llevo un ejército de bolígrafos y un escuadrón de cuadernos (uno de ellos obra de Carlota).
El pasaporte, claro, eso no puede faltar. Tampoco una esquina de folio con palabras de Marta desparramadas por ambas caras (de segundo de carrera, para ser más exactos), un amuleto (Amuleto) de Rocío que inyecta serenidad a mansalva; la última sonrisa en palabras de Raffi, dos joyas de papel de Loretín y Mojo. Otra que me envió Rous a Inglaterra cuando era un polluelo plañidero que sufría en Inglaterra.
Me llevo, por supuesto, las ganas de conocer con el jersey remangado, dispuestas a meter las manos donde haga falta. Como el chiquillo rubio que fue de planeta en planeta.
"Por ti comulgaré en misa de diez con ruedas de molino. Si buscas alguien que te trate mal, cuenta conmigo" (Serrat y Sabina, Cuenta conmigo. La orquesta del Titanic).
"Los placeres violentos poseen finales violentos y tienen en su triunfo su propia muerte, del mismo modo en que se consumen el fuego y la pólvora en un beso voraz".
Aristóteles lo definió como una purificación del espectador al contemplar las pasiones en el escenario. La redención desde la butaca sin la necesidad de sufrir uno mismo ciertos afectos.
El diccionario de la Real Academia recoge, entre otros significados de catarsis, el siguiente: "Purificación, liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda".
Hay historias que no serían las mismas historias sin un cataclismo que llevara al argumento hacia el desastre. Son catástrofe en esencia y, si dejaran de serlo, serían algo distinto. No sólo están condenadas al fracaso, sino que se deben a él. Su belleza reside en la hecatombe. Qué tendría de especial, si no, un romance entre dos jovencitos veroneses que se quieren y se besan y atraviesan juntos los puentes de la mano.
Romeo y Julieta son Romeo y Julieta porque su amor cayó en saco roto. Y su amor fue Amor -así, con mayúsucula- porque, irremediablemente, fue a parar al cesto de los pollos de manera escandalosa; con un derrumbe suicida y sórdido y lleno de nubes de polvo y cascotes. Por la puerta grande. Se podría decir, también, que "lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible". O que, precisamente por ser imposible, es un milagro. Darío Jaramillo lo dice mejor. Habla de milagros en su poema Amores imposibles.
"Y hay amores que duran algo menos que un beso y besos que han durado algo más que una vida" (Luis Rosales).
Atenas, mayo 2013. Marta Vidán.
El tiempono siempre se porta como debe. O como esperamos que se porte. El tiempo hace lo que le sale de las narices, toca las narices. Pasa y hay cosas que no se pasan. Pasa y siguen pasando las mismas cosas. A veces se vuelve griego: concepción de tiempo cíclico que avanza en círculos. Dale Perico al torno, vuelta la burra al trigo.
"[...] Nos reímos precisamente porque no tenemos razones. Porque estamos cayendo, todos cayendo en picado, y lo único que nos queda es esto. Esta risotada, que no nos van a poder arrancar nunca en la vida, ni con despidos, ni cruzándolos la cara un millón de veces, ni con cien mil humillaciones, ni mediante ejércitos de tutores, profesores, policías, trabajadores sociales, jueces.
No, esta es la parte que no han entendido aún. Esta risa está aquí para quedarse".
Kalinyxta, televisión pública, buenas noches. La cantante griega Eleftheria Arvanitaki dijo que no reconocía su país. Habló de vergüenza y enfado.
Δεν αναγνωρίζω τον τόπο μου, ούτε τη χώρα μου. Πραξικοπηματικές ενέργειες όπως η σημερινή με γεμίζουν ντροπή κ θυμό.Είμαι κι εγω εκει.#ert — EleftheriaArvanitaki (@ElArvanitakiOff) June 11, 2013
Se fue la televisión pública helénica. Las paredes siguen hablando. Menos mal.
Gracias a Marta Martín por inspirarme, tanto al darme, sin darse cuenta, la idea para este texto, como para sacar mi mejor versión. Gracias a Miguel Ángel Jimeno, Maj, por publicarlo; y, sobre todo, por hacerme sentir enorme con ese gesto. Gracias a los pececillos de fcom de la Universidad de Navarra que acaban de saltar al mar. Gracias. Hambre de personas y de historias (Enlace a La buena prensa)
Hay canciones inversionables. Rien de rien, por ejemplo. En caso de que se haga una versión, tiene que ser muy diferente a la original. Y muy buena, claro. Premio para el reggae de Danakil. Pero vaya usted a saber qué le parecería a Edith Piaf.
Programa:
Origen (I.Azquinezer), Susasí (I. Azquinezer),
I Suite para violoncello solo (J.S. Bach), Tres piezas para
Aída (I. Azquinezer), Elegía (E. Casals), Suite per
violoncello solo (G. Casadó)
Sale
puntual, a las siete y media de la tarde, por una puerta del fondo
del patio del Civivox Condestable. El público, sentado frente a ella
y en el piso superior, a modo de palco, aplaude. Sube al centro del
paredón armada con su violonchelo, saluda, se sienta y comienza a
tocar.
Es un
escenario bajo, negro y desnudo excepto por una silla que Iris
Azquinezer, de veintiocho años, ya ha ocupado una hora antes del
recital para realizar el último ensayo. Así que está cómoda, ya
lo conoce. También se desenvuelve con seguridad en las dos primeras
obras:Origen y Susasíson piezas compuestas por ella
misma. Respira fuerte en los silencios y hace movimientos
apasionados, al son de los acordes más intensos.
La
madrileña viste a juego con su chelo. Al final de cada
interpretación se atusa la camiseta de color crudo y la falda marrón
chocolate que le llega hasta los pies. El sonido, los tonos y el
ambiente son cálidos. Los asistentes, la mayoría de una generación
anterior a la suya, escuchan atentos sus explicaciones. "Bach
creó todo un lenguaje para el chelo", comenta con voz discreta
y clara, y se asegura de que los espectadores del piso superior
escuchan bien sus apuntes antes de atacar con manos delicadas el
preludio de la I Suite para violoncello,composición
que también logra hacer suya.
La
cabeza se balancea de izquierda a derecha con movimientos tan fluidos
como los del arco. Baila sentada y su boca hace amagos de sonrisa
dentro de una expresión de El éxtasis de Santa Teresa que
acompaña al sonido delgado que llena la planta baja y asciende por
el hueco hasta los pisos de arriba.
Al
finalizar el Guigue, la última parte de la suite,
saluda por duplicado y adelanta que va a interpretar de nuevo obras
de su propia creación. "La tercera es una nana. Considero que
para una nana da igual la edad que uno tenga". Oración
es la encargada de abrir Tres piezas para Aída. Comienza con
dos cuerdas que cantan a la vez, solemnes. Después, una lleva la voz
protagonista y se apoya en la segunda, de manera que el peso de la
obra se va repartiendo de manera heterogénea entre las distintas
voces del instrumento. Los graves toman el relevo en Crisis,
con un roce rotundo del arco. Les siguen agudos rápidos y punzantes
que invocan lo que el título de la pieza ya ha avisado. Azquinezer
ha logrado plasmar en una partitura lo que ahora transmite, con un
pizzicato punzante y ansioso y sonidos cada vez más
acelerados que desembocan en una cadencia sin resolver que deja en el
aire la solución del conflicto.
Por
fin, Nanarestablece la calma mediante pasadas largas del arco
en un registro medio y sirve de puente para Elegía, de
Casals. Intensa, sin ser brusca, deja escuchar nuevamente sus
exhalaciones entre arpegio y arpegio en una interpretación más
apasionada que las anteriores, tanto que le obliga a afinar su
instrumento al acabarla. El lamento se va haciendo más calmado
progresivamente, intercala tonos mayores y menores que confluyen en
una queja íntima y tenue.
"Esta
es una pieza muy gustosa para todo violonchelista", confiesa
antes de la última obra, Suite per violoncello solo, de
Cassadó. Su preludio, Fantasía, es la pieza que obliga a su
mano izquierda a recorrer distancias más largas y con más rapidez
por el mástil. Suenan por primera vez acordes disonantes salpicados
entre fragmentos donde el arco apenas besa las cuerdas y acordes
violentos. Da dos golpes contundentes de pizzicato antes de
pasar a la Sardana, que introduce la sensación de baile que
luego crece con Intermezzo e danza finale.En esta el chelo
marca el ritmo de una coreografía a través de notas muy apoyadas y
rasgadas que contrastan con otras más limpias.
Los
últimos compases, violentos, dejan paso sin transición alguna a una
joven que responde con una sonrisa dulce
a los aplausos, se estira para no olvidar al público del piso
superior, se va. Pero, después de salir y volver al escenario
mientras cede el turno a la música de las manos de los espectadores,
regala un bis, "un cuento", dice, titulado El oso, la
cueva, la miel y la abeja, acogido por un cierre respetuoso y
agradecido.
(Soy tu aire, dedicado por Risto Mejide a la música. Cantado por Virginia Maestro, Labuat).
Las cosas más grandes surgen cuando engordamos las más pequeñas. Y se trata, simplemente, de encontrarlas en todas partes. Porque están en todas partes sí, solo que a veces son tímidas, humildes. O se hacen las suecas.
Retenerlas, llevarlas en el bolsillo, pero no en el del abrigo, ni en el del pantalón. En ese bolsillo donde cada uno guarda las cosas que quiere guardar para meter la mano dentro cuando el mundo exterior (exterior al bolsillo) se va al carajo.