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sábado, 5 de octubre de 2013

Pétreo


"La espera es acumulativa para con lo esperado, lo solidifica y lo vuelve pétreo, y entonces nos resistimos a reconocer que hemos malgastado años aguardando una señal que cuando por fin se produce, ya no nos tienta, o nos da infinita pereza acudir a su llamada tardía de la que ahora desconfiamos, quizá porque no nos conviene movernos. Uno se acostumbra a vivir pendiente de la oportunidad que no llega, en el fondo tranquilo, a salvo y pasivo, en el fondo incrédulo de que nunca vaya a presentarse".
Javier Marías, Los enamoramientos.

La esperanza sigue un curso autónomo, que nada tiene que ver con la lógica (racional o no); muchas veces, su vigencia ni siquiera está relacionada con el tiempo. Sin embargo, un Hasta aquí llegó el agua nacido del tedio y del cansancio -sobre todo del cansancio- es capaz de convertir en acuarela la tinta más seca.

jueves, 4 de julio de 2013

Au revoir!

Antoine de Saint-Exupéry, El Principito

Me llevo las orejas abiertas, los ojos sin lentillas. Me llevo El Libro (sí, El Libro, hay cosas que van siempre con mayúsculas) en edición de bolsillo (deberían hacer edición de bolsillo de algunas personas para poder llevarlas en la mochila).
Me llevo la cámara de fotos con el estómago vacío, deseosa de fagocitar rostros, momentos, paisajes, gestos. Me llevo un ejército de bolígrafos y un escuadrón de cuadernos (uno de ellos obra de Carlota).
El pasaporte, claro, eso no puede faltar. Tampoco una esquina de folio con palabras de Marta desparramadas por ambas caras (de segundo de carrera, para ser más exactos), un amuleto (Amuleto) de Rocío que inyecta serenidad a mansalva; la última sonrisa en palabras de Raffi, dos joyas de papel de Loretín y Mojo. Otra que me envió Rous a Inglaterra cuando era un polluelo plañidero que sufría en Inglaterra.
Me llevo, por supuesto, las ganas de conocer con el jersey remangado, dispuestas a meter las manos donde haga falta. Como el chiquillo rubio que fue de planeta en planeta.