Marta Vidán o Tuki. En el quinto anillo de Saturno. En Twitter, @martavidanlo. Observante, escribiente y fotera; cantamañanas y melómana. Viajo con y sin billete. Me gusta decir 'sobremanera'. WEB http://martavidan.wix.com/martavidan
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viernes, 20 de junio de 2014
domingo, 6 de noviembre de 2011
N-S
Aún no he cumplido 21 y ya viví 22 primaveras. El tiempo se calzó unos championes y echó a correr. Así, pasa tan rápido por tantos lugares que es imposible asimilar los capítulos hasta que no pasaron unas cuantas páginas más. En el libro hay líneas escritas a mano con letra temblorosa, alusiones a tomos anteriores, citas alucinógenas de Cortázar, versos tranquilos de Benedetti, descripciones de zombies que toman la ciudad una tarde soleada y zarandean los autos a su paso, letras grandes y de colores vivos.
En el libro hay registros de terremotos, páginas donde alguien derramó un vaso de vino, virutas de tabaco, cercos de la taza de café. Hay acentos nuevos y manías viejas. Hay pantalones que se quedan grandes, ciudades chicas, bostezos largos, ensayos cortos, listas de cosas que hacer y no se hacen, cosas que no se deben hacer y se hacen.
El Río de la Plata humedece las hojas y el sol del mediodía lo va dejando todo para mañana, menos acabar las tabletas de chocolate. Y las páginas centrales hablan de pibes dulces, minas de ojos de otra esfera, habitaciones re desordenadas y con poca luz a partir de las cinco de la tarde y decoradas con el dibujo de la portada del último tomo que salió al mercado.
El tiempo llega a tiempo o no tiene tiempo o da tiempo. Viene saturado y escribe novelas de terror por las mañanas, cuentos infantiles a mediodía, versos al caer del sol y relatos surrealistas cuando ya ha oscurecido.
El tiempo a veces se pone recontrarrompehuevos, como cuando el paquete de azúcar se cae y deja el suelo de la cocina hecho pelota.
miércoles, 17 de agosto de 2011
La calle
Los taxis son negros, con el techo amarillo. Hay que sacar la mano si querés que el ómnibus se detenga en la parada. Si pasa, claro, porque puede que veas el mismo ómnibus tres veces en una hora y que el tuyo no haga acto de presencia.
Los uruguayos piropean con los ojos, porque apenas se entiende lo que dicen. Los mendigos utilizan también el lenguaje ocular (lo que sí se comprende es un lastimero señoraseñoraseñora). Cualquiera de los tipos que visten barba, abrigo gris y boina y cargan su mate podría ser el Oliveira de Rayuela, de Cortázar.
Los puestos invaden las aceras: garrapiñadas ("calentitas", la bolsa chica a diez pesos; la grande, a veinte), mate, relojes, prensa. El olor del caramelo serpentea entre los autos, que cruzan la calle cuando ellos quieren, porque los semáforos de Montevideo parecen ser un simple elemento ornamental.
Vale la pena atravesar la avenida 18 de julio sin los cascos, para escuchar el dulse asento ("¡Pará, pará, pará, loco!"). Pero con banda sonora las cosas se ven distintas: las caras, las tiendas, los árboles en un contexto musical se envuelven en una danza de gente que llena las aceras y reparte panfletos y te desea, muy amable, "buen día, pasala bien".
jueves, 30 de septiembre de 2010
Soleil levant o jueves que no saben ser jueves
...el placer era espejo de reconciliación [...] algo como un sacramento de ser a ser, [...] avance del sueño boca contra boca, a veces sin desligarnos.
Queda lo que está aún sin leer, lo que queda por escribir, esperando paciente. Respira tranquilo, aguarda el momento en que volvamos a dormir en el mismo colchón.
Julio Cortázar, Rayuela
Ya no hay cenizas, ni humo, ni grises. Hay un Monet en París, agua, luces sobre el verde. Girasoles en la cocina, vino en la nevera, sombreros en el armario, pinceles, manzanas, papeles, musas.Queda lo que está aún sin leer, lo que queda por escribir, esperando paciente. Respira tranquilo, aguarda el momento en que volvamos a dormir en el mismo colchón.
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