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viernes, 22 de noviembre de 2013

Facts

Marta Vidán. Tesalónica

The only thing better than singing is more singing.
(Ella Fitzgerald)

Esas verdades absolutas como que cantar es contar dos veces, que las chaquetas tejidas a mano abrigan más, que acabar una palabra en -ico convierte en entrañable cualquier cosa, o que nadie ha vuelto a cantar Casta diva como ella: vencida, abandonada, herida y de pie. Con notas que le salen como si alguien tirara suavemente de un hilo, a cambio del esfuerzo que le cuesta sostenerse a sí misma. Con una mitad de pasión, presencia y clase, y otro tanto de derrota y cansancio.





Más Maria Callas (en las paredes de Atenas).

sábado, 16 de noviembre de 2013

Zapatos

Marta Vidán. Atenas

El cielo tiene ojeras. El viento despeina la lluvia. Se puede decir que hace frío, al menos en comparación con los últimos días. Si uno se lo propone, hoy puede ser un sábado luminoso, cálido, abrazador.

Acuarela mental. Pienso en sus zapatos, en su americana. Imagino que alguna vez habrá sido un mar de dudas, que se habrá sentido menos que nadie en determinada ocasión. No lo sé, lo imagino. Imagino también que en otros momentos se habrá encontrado más cerca de los dioses que de los mortales; que se habrá reído a carcajada limpia al equivocarse de dirección de metro o al bajarse en la parada incorrecta. Que habrá disfrutado con algo tan simple como bailar en la cocina mientras tararea su propia banda sonora.

El día está húmedo, enfadado, nervioso. Hoy es El Día. Puede que sus neuronas estén echando mano de recuerdos placenteros para tranquilizarlo, para tranquilizarse. Quién sabe si en su cabeza hoy hace sol.  Me pregunto cómo sería a los diecisiete, cómo tendrá el pelo al levantarse, dónde guarda lo que nadie ve. Qué le dirán las ramas famélicas a punto de partirse con la fuerza del aire. Cómo le sentará este repentino imperio de las nubes. Me pregunto dónde estarán sus zapatos esta mañana.

martes, 12 de noviembre de 2013

Pobrecito Orfeo

Corot. Orfeo sacando a Eurídice del Hades
Corot. Orfeo sacando a Eurídice del Hades.

Es difícil mirar directamente a la luz: duele. Ponerse frente al sol sin gafas oscuras hace que se vean chispas al dejar de hacerlo. El brillo se engancha en la retina, no estamos preparados para él. Por eso existen recursos para ver de manera mediada la luz o lo que es tan poderoso como ella. Ahí tienen a Perseo, que utilizó el reflejo de su escudo para ver a la Medusa y no quedar petrificado por su mirada.

Tampoco es irrelevante cuándo se enfocan las pupilas. Cuándo están preparadas para digerir lo que ven. Y si no, que se lo pregunten a Orfeo -pobrecito Orfeo- que giró la cabeza antes de tiempo y volvió a quedarse sin su ninfa, esta vez, para siempre.

Será cuestión de esperar a que Eurídice esté totalmente cubierta por los rayos del sol para poder tragar su rostro con los ojos sin peligro de perderla. De reconocer cuándo una visión nos supera y necesitamos filtros que nos ayuden a asimilarla sin miedo a que nos deje de piedra. De paciencia y de humildad.