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martes, 26 de julio de 2011

Rodarán cabezas





Pobrecito. No es que fuera un inepto, ni que los bancos sean unos ladrones: se ve que había pasado mala noche y se le olvidó avisarme de que iba a cobrarme 30 euros por cada transferencia, e hice dos. No es que las cajas nos quiten nuestro dinero, es que se les olvida decirnos que tenemos que dárselo, nada más. Por eso no quemé la sucursal y me limité a decir "cabrones" en bajito, y no grité "hijos de puta".



A los españoles nos tratan como a borregos drogados y luego cambiamos de canal cuando los indignados salen en el telediario. Nos gusta recibir contenidos mucho más importantes por televisión, como Belén Esteban atiborrándose de magdalenas. Y es que pensar cuesta mucho trabajo, es incómodo darte cuenta de que tienes algo en la cabeza que te impide quedarte quieto, volver al banco y exigir que te devuelvan lo que es tuyo.

Que no nos extrañe si alguno corre la misma suerte que Luis XVI: a este paso, rodarán cabezas.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Opio


Degas, El ajenjo

En este país Marx tendría poco que decir sobre el opio del pueblo, porque no lo necesitamos. Hay una razón muy simple: cuando se es gilipollas no hace falta. En España caen las acciones de Telecinco cuando la ordinaria de Belén Esteban nos crea esperanzas y dice que dejará la pequeña pantalla. Nos harán ir a trabajar a los 67 con el tacataca y nos quejamos de la prohibición de fumar en los bares. Pero el asunto es que, a mayor cargo, más gilipollas se es en este país: incluso te dejan estar en el Constitucional por ello. Eso sí, sale un preso de ETA manifestando su apoyo a Bildu y aquí todos nos hacemos los suecos. Porque esto no quiere decir que tengan relación, no, qué va... Nos parece que sí porque llevamos los efectos del opio en los genes, porque somos un pelín cortitos.

Al menos podrían legalizarnos la absenta, como en Francia (donde, dicho sea de paso, los ciudadanos armaron la marimorena cuando se retrasó la edad de jubilación a los 62), y así nos colocaríamos con un poco de clase...

domingo, 1 de mayo de 2011

Luz

Lo del Día de la Madre me parece absurdo en grado sumo porque todos los días del año son el Día de la Madre, debido a una sencilla razón: una madre nos da a luz cuando nacemos, pero nos da luz desde entonces. Y quien diga lo contrario miente.
Una madre nos da la vida una vez, pero nos la puede dar muchas, porque las madres tienen ciertas habilidades para resucitarnos cuando el mundo se da la voltereta. Habilidades que no sé yo si las aprenderán en las clases de preparación al parto, como la de saber muy bien dónde están las cosas en casa cuando nadie las encuentra (perdón por caer el los tópicos, pero es una verdad como un templo), o que su cerebro sea una base de datos que poco tiene que envidiar a la de la Nasa, y que incluye fechas que no aparecen marcadas en rojo en el calendario, números que no vienen en ninguna guía de teléfono y consejos que escapan a todo refranero. Por no hablar de que la tortilla de patata que hace una madre sabe mejor que cualquier manjar de restaurante de cinco tenedores.
Sea en forma de encuentro del pantalón perdido o de beso regalado sin falta de que haya una excusa para darlo, una madre consigue que cada día haya que hacerle un collar de macarrones, como hacíamos de chiquititos en el cole. “Mamá” se convierte en la palabra mágica aunque uno peine sus primeras canas.
Marta Vidán LópezArtículo publicado en la revista Calle Mayor (nº 459).

jueves, 7 de octubre de 2010

La realeza

Si las parrillas televisivas siguen estructurándose en torno a ponzoñas como Mujeres, hombres y viceversa y alrededor de espantajos como Belén Esteban, tiraré mi televisión por la terraza.

Dicen que la televisión es un reflejo de la sociedad. Yo me pregunto si no se estará tratando de hacer lo contrario: ¿nos están intentando hacer creer que nos representa algo artificial y opuesto a lo que somos? ¿Terminará siendo la realidad un espejo de la porquería creada para la pequeña pantalla?

Siempre nos quedará la radio, más vale. Ya lo dice la Otero: "En la radio no tenemos princesas del pueblo". Claro que, si la princesa es como es... no quiero saber cómo será la bruja.

jueves, 26 de junio de 2008

Que no me llamen tonta

Una está dispuesta a tolerar que la televisión pretenda venderle cacharros inservibles-pero ultramodernos- a precio de oro, que el panorama político sea absolutamente desastroso e incluso que los candidatos a representarnos en el Festival de Eurovisión parezcan salidos de un laboratorio donde se cruzó un teleñeco con la hija díscola de María Callas. Pero lo que no está dispuesta a aguantar es que la llamen tonta.

No soporto que insulten a mi inteligencia, por ahí sí que no paso. Y es por ello que me hierve la sangre cuando oigo decir que se están llevando a cabo importantes medidas para luchar contra la anorexia y la bulimia y otros trastornos de la conducta alimentaria provocados, en gran parte, por la misoginia y estulticia de diseñadores de moda a los que no les da la santa gana de lucir sus elegantes vestiditos con modelos que no parezcan primas lejanas de la novia cadáver: me aseguran que las tallas de ropa se han ajustado de forma que una talla 38 no se lleve el canto de un duro con la de un vaquerito de la sección infantil de Zara. Se dice también que ha subido el índice de masa corporal exigido a las modelos para poder desfilar. También que se están desarrollando numerosas y efectivas campañas de concienciación de la gravedad de tales trastornos.

Muy bonito, maravilloso. Semejante muestra de solidarización y humanidad hace que se me humedezcan los ojos. Estoy plenamente segura de que un solo anuncio donde aparezca una mujer que no está en los huesos servirá para contrarrestar todo el daño que hacen los millones protagonizados por esqueletos gordos. Y me ayuda a dormir tranquila el pensar que ello contribuirá a la progresiva desaparición de las infumables revistas cuyo contenido se fundamenta en dietas milagrosas con las que cualquier mujer puede llegar a parecerse a las actrices de Hollywood.

Ahora que me he despachado a gusto, me gustaría pedir una cosa: que no me llamen tonta. Por favor, que no intenten hacerme creer que con una modelo que pesa 42 kilos en vez de 40 el prototipo de belleza femenino cambiará. Que no pretendan que me trague que con un anuncio televisivo donde la chica protagonista tiene pinta de estar sana -seguramente realizado para mitigar el cargo de conciencia de las autoridades que se sienten responsables del panorama- se va a cambiar la mentalidad- la bazofia de mentalidad, si me lo permiten- de la sociedad en la que vivimos, donde sólo la delgada es la triunfadora.

El día que abra un periódico y me encuentre con la noticia de que han encontrado la vacuna contra la anorexia me tragaré mis palabras. Hasta entonces, no me insulten, por favor.

Marta Vidán López
Artículo publicado en Calle Mayor (abril ´08)