viernes 7 de agosto de 2009

Excesos


Excesos los hemos cometido todos. Y ya no hablo de burradas etílicas ni de peripecias sexuales. Tampoco de pecar de gula ni de sustancias que se disfrutan mediante jeringuilla. Porque hay otra clase de excesos además del exceso de pereza o del exceso de no-pereza.

¿Sabes? Aquella noche miraba los fuegos artificiales y me sentí demasiado viva al oírlos explotar. Porque con cada fogonazo me acordé de ti y de tus malditos ojos que se quedaron en el sur. Yo en el norte con palabras tuyas en el bolsillo. Tú, lejos.

Me acordé del de hoy no pasa,
de que si son dos años, dos años no son nada,
de aquel qué bien te huele el pelo,
de los buenos días en tu cama,
de los kilómetros en tren (kilómetros en exceso),
de las risotadas en el desayuno,
las cosquillas por las manos,
las cuerdas de guitarra por el pasillo,
los collares y los anillos de regalo.

Volví a pensar en las flores de papel haciendo de marcapáginas
en el papel con tu teléfono
en las conversaciones en silencio
en la música de violoncellos.
En dos sillones con dos cuerpos.

Volví a pensar en exceso

4 comentarios:

Eingel dijo...

siempre pensamos en exceso... o nunca lo hacemos, segun se mire

Besoooos

MAR dijo...

A mi me pasa a menudo...............
somos sensibles.......
humanos de principio a fin.
Besos para ti, precioso post.
mar

Dr.Mikel dijo...

Siempre te queda el consuelo de mientras piensas existes.

Daltonica dijo...

De. li. cio. so

Simplemente ello.